miércoles, 9 de junio de 2010

Último día de feria

Inesperadamente, de un círculo de gente alguien salía disparado hacia mí. Era él, la persona que había estado esperando toda la tarde: mi mitad izquierda. “Por fin”, pensé. Me abrazó con fuerza sin mediar palabra. Se lo habían contado, lo único que podía hacer ahora era aprovechar ese momento. Hice el amago de empezar a llorar, él me lo impidió. “Ni se te ocurra”, me susurró aun abrazados.

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