domingo, 6 de junio de 2010


El silencio se hizo insoportable. Lo miraba fijamente esperando a que comenzara. Cuando se decidió a decir las primeras palabras ya ni sabía donde me encontraba.

-Lo siento-dijo agachando la cabeza y al ver que mi expresión ahora era de sorpresa continuó, sin dejarme formular la pregunta que se leía en mi rostro- siento haber sido un crío desde el primer momento que comenzó todo esto. Siento haberte hecho daño sin querer, siento que hayas derramado lágrimas por mi. No las merezco.

Mientras recitaba todo aquello, que parecía ensayado, escuchaba con atención, sin mirarlo. Estuve tanto tiempo esperando aquello que parecía un sueño. No podía creer que estuviera haciendo aquello que él tanto odiaba. Mientras mis ojos se inundaban pude pronunciar algo que siempre quise decirle:

-No tienes que pedirme perdón por nada. Siempre te perdono, quiera o no, inconscientemente. No puedo permitirme el lujo de perderte. Tú lo eres todo, siempre lo has sido y siempre lo serás. Puede pasar todo el tiempo del mundo, tú continuamente serás lo que más necesite y si te vas, seguiré esperando a que vuelvas.

Sonrió, de forma que a mi parecer era de alivio. Me secó las lágrimas y automáticamente nos abrazamos. Creo que fue el abrazo más sincero que ambos pudimos darnos en todo aquel tiempo. Por fin las cosas parecían estar en su lugar.



Que pena que justo después sonara mi despertador.

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