miércoles, 5 de octubre de 2011

Adiós, mi vida.

Cogió todas las cosas que compartían y las metió en una caja de lunares de colores, aquella en la que había guardado todas las pequeñas cosas de esa corta relación. Subió a la terraza y se sentó en una esquina con la caja entre las piernas. Comenzó a rociarla y, a continuación, prendió fuego a una cerilla. Se lo pensó unos instantes, mirando con tristeza, primero a la caja y luego a al fuego. Se decidió por fin y la lanzó a lo que había sido, tiempo atrás, su máxima felicidad.

Al cerrar la puerta de la terraza vio como los recuerdos se los llevaba el viento en forma de humo negro. Ya solo le quedaba una media luna con una inicial colgando de su muñeca. Nada más, y sabía, que nunca se desprendería de aquel regalo, era el único trocito que quería guardar consigo esta idiota con el corazón a pedazos.

sábado, 11 de junio de 2011

La vida crece entre los matices

La música sonaba de fondo, a un volumen muy bajo, como de costumbre. Will hablaba mientras conducía, como siempre y, yo, escuchaba todas las novedades que me traía de esa semana sin vernos. Hablábamos todos los días a través de Internet, era lo nuestro, pero claro, no era lo mismo.
Bajé la ventanilla, olvidándome por un segundo de lo que automáticamente vendría después.

-¡Súbela!

Will odiaba que bajara la ventanilla del copiloto en medio de la autovía. Decía que "el aire no le dejaba concentrarse en la carretera" con su típica cara de chico maduro y totalmente serio. Yo lo sabía y muchas veces lo hacía adrede: todo por sacarlo de quicio. Tras una leve sonrisilla la subí sin contradecirle, era su coche y sus normas. Aunque yo tenía la esperanza de poder cambiarlas algún día.
Continuó hablando y por un instante dejé de escucharlo y me puse a pensar en todo lo que había acontecido desde el último verano.

Tras la temida prueba de acceso a la universidad el verano trascurrió tranquilo, sin ningún altercado posible de destacar, como otro cualquiera. Yo me desplazaba muchas veces para poder visitar a Will y a Aslhey e intentaba que los demás también lo hicieran, quería pasar con todos el mayor tiempo del mundo antes de que llegara el temido septiembre.

Pero sin darme cuenta nos plantamos en enero del año siguiente. Como todos sacaron muy buenos resultados pudieron empezar sus nuevos años donde cada uno quiso.
Luz logró aprobar y con muy buena nota en septiembre y pudo entrar a estudiar magisterio, como ella quería. Y lo mejor de todo: en la misma ciudad que había elegido Max, al que le dio la nota de sobra para estudiar su querida arquitectura. Estaba claro que vivirían juntos y me alegraba mucho por ellos, a fin de cuentas, estaban destinados a estar juntos siempre.
Pablo se fue con las personas que quería a la ciudad que quería, pero no a estudiar lo que él había planeado siempre. La nota no le llegó y, aunque todos lo esperábamos, a él pareció sorprenderle en un primer momento. Tuvo que conformarse con la carrera de enfermería, se quejaba al principio, pero acabó acostumbrándose con el tiempo.
Will se había ido más lejos que ninguno. A él también le había dado la nota de sobra, como yo esperaba desde siempre y pudo elegir entre un abanico muy amplio de diferentes posibilidades.

Irremediablemente Aslhey y yo nos habíamos quedado solas. Ella echaba mucho de menos a todos, siempre estaba pensando, incluso más que yo. Pero ambas estábamos bastante ocupadas con nuestros estudios: ahora nos tocaba a nosotras.
Muchas veces nos sentíamos vacías, nada era lo mismo. Había muchas veces que no sabíamos nada de nuestro amigos y nos enfadábamos mucho. Pensábamos que habían conocido a no se quien, que estarían en no se donde. Pero todos los viernes por la tarde volvían y disfrutábamos del tiempo como si nunca se hubieran ido.

-Vale, ahora has dejado de escucharme, perfecto.
-¡Lo siento! Me he quedado pensando un momento.
-¿Pensando tú? ¿En qué?
-En todo lo que os echo de menos durante la semana, nos tenéis abandonadas...
-Venga ya, si nos vemos todos los viernes y hablamos todos los días. Eres una exagerada.
-Si, pero es distinto de todas formas.
-Anda, deja de quejarte, quejica. Que casi hemos llegado.
-Esta sorpresa me está poniendo de los nervios, que lo sepas ¿cuánto tiempo llevamos metidos en el coche?
-Mírala. Encima que llevo pensando esto desde hace una semana vas y pones pegas, tenía que haber pensado eso también, es lo más propio de ti.
-Venga, sabes que me ha encantado que te acuerdes.
-¿Cómo no me voy a acordar? Hoy hace un año que te estoy aguantando de manera distinta a la que te he estado aguantando el resto de años que te conozco.
-A mi me gusta más decir que hoy hace un año que te diste cuenta que estabas locamente enamorado de mi.
-Pobre ilusa, ya sabes por qué estoy contigo.
-¡Imbécil!

Paró el coche y se bajó.

-Espera un momento, tengo que taparte los ojos, ¡no bajes aún! Estoy nervioso, espero no fastidiarlo todo y que te guste la sorpresa. Si no te gusta, miénteme.

Lo dijo mientras me ponía un pañuelo en los ojos y me cogía de la mano. Se me escapó una carcajada cuando terminó la frase.

-No seas idiota, estoy segura de que me va a encantar. ¡Te cuidado, eh! No quiero caerme.
-Tranquila, sabes que yo siempre cuido de ti.

Esta frase vino acompañada de un suave beso en los labios.

-Si, lo se.

martes, 3 de mayo de 2011

Piensa y verás :)

Después de 17 años, de miradas y sonrisas, de emociones, de enfados y llantos, de caricias y empujones, de besos, de abrazos, de recuerdos, de sueños compartidos, de aventuras, de amores no correspondidos, de libros que te marcan, de canciones que te sabrás siempre de memoria, de millones de caminos, de millones de pasos dados, siempre hacia adelante, de viajes, de fotos, de una cantidad impresionante de gente, de unos que se van, de otros que permanecen y permanecerán. Después de todo eso vendrán más, muchísimos más.

Después de compartir tantísimos momentos con ellas. Con la que no deja de moverse, con la que ama a un cantante sobre todas las cosas, con la seria, con la que hace sonreir a cualquiera, con la niñita y con la mujer. Después de tanto vivido una es capaz de cualquier cosa.

Después de tener a dos personas que lo han compartido todo. La mitad de tus llantos y la mitad de tus enfados. La de los ojos raros, como ella, que vive en una nube, que dice las cosas sin pensar, que siempre está al otro lado del teléfono, siendo poco responsable, la romántica a escondidas, la niña de dieciséis; y con la que sueña con todo y, a la vez, es la más realista, la más espabilada, a la que no le gusta que jueguen con ella, la que adora las cosas claras, explicadas, la que llora ante los demás cuando es estrictamente necesario.

Después de tres años con él, sufriendo cada una de sus andanzas, de una manera u otra. Después de quererlo y odiarlo de todas las formas posibles, acaba siendo algo verdaderamente importante, sobre todo cuando te acostumbras a sus ojos marrones profundos, esos que transmiten total tranquilidad.

Después de diferentes etapas en una amistad, de no verla en meses a verla todos los días. De quererla como a nadie. Después de decepciones y sorpresas, de enigmas descubiertos en una personalidad fuerte, totalmente forjada. Después de ser uno de los pilares fundamentales de esta maravillosa estructura...

Después de sufrir lo insufrible, de la mejor amistad que alguien puede desear, de millones de recuerdos buenos en los que solo estaba él. Después de aquel primer beso. Después de quererlo como a nada en el mundo y solo poder mirarlo con ojos llenos de alegría, y disfrutar de sus tonterías, de sus locuras y de su amor.

Después de todo esto solo me queda decir gracias.
¡Y que pueda cumplir muchos más sin perder un solo detalle!

jueves, 7 de abril de 2011

Pero sí se algo. Sé que un día todo cambiará…espero que más pronto que tarde, pero un día las cosas serán diferentes.
Un día el muchacho entrará en el vagón y la encontrará en el asiento de enfrente radiante y luminosa, y se acercará a ella y le hará la pregunta que siempre le hace al terminar la canción. Y un día, todo cambiará.
Ella se levantará de su asiento sosteniéndole la mirada, el metro detendrá su ritmo, todas las cabezas se girarán hacia ellos, la ciudad también se detendrá, la gente parada en las aceras, los coches en mitad de la calle, las palomas emprenderán el vuelo…Ella se acercará mucho a él y un día le responderá de forma muy diferente a como lo hace en la canción.

Ismael Serrano.

lunes, 28 de marzo de 2011

Nada más

Corrió cuanto pudo por el largo pasillo de manises amarillos. La clase estaba a punto de empezar y no podía permitirse llegar tarde. Con sus libros y sus libretas entre los brazos atravesó a la multitud despreocupada que la rodeaba. Llegó al fin a su pasillo suspirando aliviada por la cercanía de su aula
e intentó esquivar el último círculo de gente, pero algo la hizo caer al suelo. Todo cuanto llevaba entre los brazos, incluidas sus gafas de pasta negras cayeron al suelo. El impacto hizo que el pelo se le alborotara y que se le encendieran las mejillas. Tanteó el suelo con cuidado, intentando encontrar sus lentes pero alguien se las tendió seguido de un millón de disculpas, al parecer, el culpable de su actual posición tan ridícula.

-Vaya, la chica más guapa de todo el instituto.

Se colocó las gafas lo más rápido que pudo, deseando que no fuera el dueño de la voz con el que se había chocado.

-¿Estás bien? Lo siento, iba distraído-le recogió los libros del suelo y, delicadamente, la ayudó a levantarse.
-No... no importa-se sonrojó más aún e intentó librarse de esa situación tan incómoda. No podía mirar a ese chico a los ojos. Era superior a ella.
-Espera. No puedo dejar de pensar en nuestra última conversación . Nunca antes me habías dicho todo eso.
-Lo se...

Se transportó por unos instantes una semana atrás, en aquella sala, de aquella casa, de aquella fiesta. Su amigo estaba enfadado, rabioso: nada le había salido como pensaba.

-¿Por qué no te tranquilizas? No es para tanto, esa tía no es nada del otro mundo, que lo sepas.
-Pues a mi me gusta.
-Lo que tú digas...
-¿Qué te pasa, estás celosa?- no podía creer que después de todo él siguiera haciéndose el gracioso.
-Imposible, no te emociones.
-¿Y por qué no?
-Porque eres un cabezota y un idiota muchas veces. Eres duro, borde, inexplicablemente variable y casi nunca muestras tus sentimientos. Eres exigente y demasiado sincero. Pero sobre todo, sobre todo, eres un orgulloso, el chico más orgulloso que jamás he conocido.
-Gracias, tú no eres perfecta que digamos...- ahora él estaba más cabizbajo que antes.
-Lo se, pero no me has dejado acabar. También eres maduro, inteligente y responsable. Dulce y, sinceramente, me has hecho pasar los mejores momentos de mi vida. Y si, podría estar celosa, de cualquiera que se quisiera arrimar a ti. Y no te das cuenta: tardarás mucho en encontrar a alguien que te acepte tal y como eres, con esos grandes defectos. Pero, ¿sabes qué? La solución está mucho más cerca de lo que piensas.

Se levantó y se fue. Al salir de la sala no se pudo creer todo lo que había dicho. ¿Y ahora qué?


-Querría retomar la conversación-esa frase la hizo volver a la realidad.
-Lo siento.

Y esquivó a su amigo, entrando en clase lo antes posible y cerrando la puerta detrás de ella. A pesar de todos los problemas, las ideas y los sentimientos, la clase de filosofía no iba a dejar de seguir su curso, por muy distraída que estuviera.

martes, 8 de marzo de 2011

Basado en hechos reales

Una vez más fui yo la que terminó la discusión y me fui con un desmesurado aire de superioridad, como si nada de aquello me importara, como si fuera una dura roca que ni el más puro diamante es capaz de arañar. Con el paso ligero

pero fuerte, para salir de allí lo antes posible, antes de que me arrepintiera de todas las palabras que habían salido de mi boca.

Pero como era de esperar, él vino detrás de mí y, agarrándome por el brazo con fuerza, me hizo darme la vuelta.

-¡No hemos terminado de hablar! Explícame: ¿por qué me tratas tan mal?

-¡Porque me has jodido la vida! ¡Porque me has hecho la putada más grande que en la vida me han hecho! ¡Porque me has destrozado! ¡Porque me has dejado en ridículo! ¡Porque has jugado conmigo! ¿Quieres más razones? ¿De verdad no sabes porque te trato tan mal? ¿Cómo te sigues atreviendo a mirarme a la cara, a dirigirme la palabra? Deberías pasar a mi lado con la cabeza agachada, ¡avergonzado! Pero no, eres tan descarado que te da igual, ¿verdad? ¡Olvídame de una vez! Solo sabes hacerme daño.

Y con las últimas palabras toda mi dureza desapareció, con una lágrima salida del ojo izquierdo. Dicen que de ahí aparecen las que salen directamente del corazón, las más tristes y las más sinceras.

-Si, debería hacer todo eso, tienes toda la razón. Soy consciente de todo lo que he hecho y no hay día que no me arrepienta…

-Eso ya no sirve…

-¿Seguro?

No sabía muy bien a donde quería llegar y, al parecer se dio cuenta.

-Quiero decir que se que mereces la pena. Se que eres capaz de perdonar lo imperdonable, pero no de olvidar completamente. Y tengo la vaga esperanza de que tú y yo podríamos empezar de cero. Bueno, de cero no, pero si con un tiempo en blanco entre nosotros.

-Nunca.

-¿Y sabes por qué tengo esa vaga esperanza?

-Sorpréndeme.

-Pues que me has maltratado psicológicamente todos estos días, incluso cuando no nos hemos visto, pero no me has dicho aún que me odias…

-Te odio.

Me di la vuelta y eché a andar, esta vez más enfadada. Había dañado mi orgullo, otra vez. Eso ya era demasiado. Antes de doblar la esquina pude escucharlo decir:

-¡¡¡Intentaré recuperarte, sea como sea!!!

“Qué imbécil” Pensé. Lástima, tiempo después, la imbécil sería yo.

Otra vez.

lunes, 31 de enero de 2011

Pista 13.

La lista de reproducción era más o menos larga, pero siempre que tenía que hacer un camino de esa magnitud avanzaba hasta aquel número supuestamente maldito. A partir de ahí, las canciones me hacían andar con más alegría. El azar había hecho que las letrillas más animadas quedaran agrupadas, una detrás de otra.

No me gustaba mucho andar y menos si eran distancias largas, aunque ese camino (que últimamente recorría a menudo) me estaba empezando a gustar cada vez más. El destino lo merecía, pero además de eso, andaba por mi zona favorita de la ciudad. Aquel laberinto de arena cobriza no me dejaba de parecer hermoso en ninguna época del año. Tanto en verano como en invierno, en otoño o en primavera tenía aquel encanto especial que hacía que aminorara el ritmo cada vez que atravesaba sus largos pasajes.

Me paré en el semáforo, justo cuando empezó a reproducirse la pista 17, una canción bastante optimista. Miré al horizonte y, entre los árboles, pude divisarlo a él, como no, con un balón de aquellos en las manos. Pocas cosas había que le gustaran más que eso y me fascinaba que fuera así.

Avancé hasta llegar hasta ellos. Si, pude ver a la pequeña rubia uniéndose al deporte. Me encantaba esa niña. Me sonrió tímida, como siempre hacia al verme por primera vez; pero poco tardaba en tomar confianza. Me invitó a jugara con ella y era imposible resistirse. Me arrastró hasta una zona del parque, obligándome a subir, a avanzar, a escalar y a deslizarme como si de verdad volviera a tener cuatro años. Desde las alturas lo observaba, y me alegraba al ver que él también nos miraba a nosotras, aunque fuera de reojo. Me encantó poder ser yo quien la empujara en su bicicleta rosa por una gran cuesta o la que evitara alguna que otra caída.

No pudimos hacer nada contra el tiempo y se nos echó encima. Quizá era hora de volver a tomar el camino, pero no antes de perdernos un ratillo. No fue muy complicado, claro. Últimamente necesitábamos muy poco para ello y, tal vez por eso, siempre eran más difíciles las despedidas.

Me sorprendí a mi misma al sentir la necesidad de notar esas manos frías acariciando mi espalda.


No he tenido oportunidad de pasarme por aquí antes. He estado, digamos, un poco ocupada. Espero tener tiempo para poder seguir dedicándome a escribir más a menudo.

jueves, 6 de enero de 2011


-¡Como no corras un poco más te alcanzaré enseguida y esto no tendrá ninguna gracia!

El sol hacia total justicia al día en el que nos encontrábamos. El pleno mes de agosto nos había traído consigo un calor asfixiante y un agua totalmente cristalina. Además, junto con todo esto, la compañía de Jack hacía del día algo mucho más especial.

Como era de esperar, acabó alcanzándome y, de la forma más suave posible, me empujó al grupo de toallas que habíamos podido organizar en el centro de aquella playa.

-¡Ay! Eres un bruto, me has hecho daño- intenté mostrarme enfadada- ¡No me toques en lo que queda de día!

No pude evitar soltar una carcajada (ambos sabíamos que eso no pasaría nunca) y me besó.

Espera, ¿me estaba besando? ¿a plena luz del día? ¡Increíble! Ah si, se me olvidó por un momento: estábamos totalmente solos. Si, toda una playa para nosotros, lo habíamos organizado muy bien.

-¿Por qué no puedes comportarte así delante de los demás?
-¿Y por qué debería hacerlo?
-Porque… porque no tiene nada de malo, además si estamos juntos quiero que todo el mundo se entere y cuando digo todo, es todo.
-Ya hemos tenido esta conversación más veces… no te convences con nada, ¿eh?. Además, ¿crees que habrá alguien que aún no lo sepa?
-Pues… pues no se, no todo el mundo es tan observador como tu crees.
-¡Venga ya! No digas tonterías… sabes que llevo razón, como siempre.
-Odio que me digas eso.
-Lo se, pero lo que me quieres lo compensa.
-Si, es cierto.

Sonreí. No podía hacer nada contra aquel chico. No se que tenía, no se que hizo que me fijara en él. Y aún no lo se. Pero seguiré admirando su forma de convencer, de engañar…
… y de querer.