lunes, 28 de marzo de 2011

Nada más

Corrió cuanto pudo por el largo pasillo de manises amarillos. La clase estaba a punto de empezar y no podía permitirse llegar tarde. Con sus libros y sus libretas entre los brazos atravesó a la multitud despreocupada que la rodeaba. Llegó al fin a su pasillo suspirando aliviada por la cercanía de su aula
e intentó esquivar el último círculo de gente, pero algo la hizo caer al suelo. Todo cuanto llevaba entre los brazos, incluidas sus gafas de pasta negras cayeron al suelo. El impacto hizo que el pelo se le alborotara y que se le encendieran las mejillas. Tanteó el suelo con cuidado, intentando encontrar sus lentes pero alguien se las tendió seguido de un millón de disculpas, al parecer, el culpable de su actual posición tan ridícula.

-Vaya, la chica más guapa de todo el instituto.

Se colocó las gafas lo más rápido que pudo, deseando que no fuera el dueño de la voz con el que se había chocado.

-¿Estás bien? Lo siento, iba distraído-le recogió los libros del suelo y, delicadamente, la ayudó a levantarse.
-No... no importa-se sonrojó más aún e intentó librarse de esa situación tan incómoda. No podía mirar a ese chico a los ojos. Era superior a ella.
-Espera. No puedo dejar de pensar en nuestra última conversación . Nunca antes me habías dicho todo eso.
-Lo se...

Se transportó por unos instantes una semana atrás, en aquella sala, de aquella casa, de aquella fiesta. Su amigo estaba enfadado, rabioso: nada le había salido como pensaba.

-¿Por qué no te tranquilizas? No es para tanto, esa tía no es nada del otro mundo, que lo sepas.
-Pues a mi me gusta.
-Lo que tú digas...
-¿Qué te pasa, estás celosa?- no podía creer que después de todo él siguiera haciéndose el gracioso.
-Imposible, no te emociones.
-¿Y por qué no?
-Porque eres un cabezota y un idiota muchas veces. Eres duro, borde, inexplicablemente variable y casi nunca muestras tus sentimientos. Eres exigente y demasiado sincero. Pero sobre todo, sobre todo, eres un orgulloso, el chico más orgulloso que jamás he conocido.
-Gracias, tú no eres perfecta que digamos...- ahora él estaba más cabizbajo que antes.
-Lo se, pero no me has dejado acabar. También eres maduro, inteligente y responsable. Dulce y, sinceramente, me has hecho pasar los mejores momentos de mi vida. Y si, podría estar celosa, de cualquiera que se quisiera arrimar a ti. Y no te das cuenta: tardarás mucho en encontrar a alguien que te acepte tal y como eres, con esos grandes defectos. Pero, ¿sabes qué? La solución está mucho más cerca de lo que piensas.

Se levantó y se fue. Al salir de la sala no se pudo creer todo lo que había dicho. ¿Y ahora qué?


-Querría retomar la conversación-esa frase la hizo volver a la realidad.
-Lo siento.

Y esquivó a su amigo, entrando en clase lo antes posible y cerrando la puerta detrás de ella. A pesar de todos los problemas, las ideas y los sentimientos, la clase de filosofía no iba a dejar de seguir su curso, por muy distraída que estuviera.

martes, 8 de marzo de 2011

Basado en hechos reales

Una vez más fui yo la que terminó la discusión y me fui con un desmesurado aire de superioridad, como si nada de aquello me importara, como si fuera una dura roca que ni el más puro diamante es capaz de arañar. Con el paso ligero

pero fuerte, para salir de allí lo antes posible, antes de que me arrepintiera de todas las palabras que habían salido de mi boca.

Pero como era de esperar, él vino detrás de mí y, agarrándome por el brazo con fuerza, me hizo darme la vuelta.

-¡No hemos terminado de hablar! Explícame: ¿por qué me tratas tan mal?

-¡Porque me has jodido la vida! ¡Porque me has hecho la putada más grande que en la vida me han hecho! ¡Porque me has destrozado! ¡Porque me has dejado en ridículo! ¡Porque has jugado conmigo! ¿Quieres más razones? ¿De verdad no sabes porque te trato tan mal? ¿Cómo te sigues atreviendo a mirarme a la cara, a dirigirme la palabra? Deberías pasar a mi lado con la cabeza agachada, ¡avergonzado! Pero no, eres tan descarado que te da igual, ¿verdad? ¡Olvídame de una vez! Solo sabes hacerme daño.

Y con las últimas palabras toda mi dureza desapareció, con una lágrima salida del ojo izquierdo. Dicen que de ahí aparecen las que salen directamente del corazón, las más tristes y las más sinceras.

-Si, debería hacer todo eso, tienes toda la razón. Soy consciente de todo lo que he hecho y no hay día que no me arrepienta…

-Eso ya no sirve…

-¿Seguro?

No sabía muy bien a donde quería llegar y, al parecer se dio cuenta.

-Quiero decir que se que mereces la pena. Se que eres capaz de perdonar lo imperdonable, pero no de olvidar completamente. Y tengo la vaga esperanza de que tú y yo podríamos empezar de cero. Bueno, de cero no, pero si con un tiempo en blanco entre nosotros.

-Nunca.

-¿Y sabes por qué tengo esa vaga esperanza?

-Sorpréndeme.

-Pues que me has maltratado psicológicamente todos estos días, incluso cuando no nos hemos visto, pero no me has dicho aún que me odias…

-Te odio.

Me di la vuelta y eché a andar, esta vez más enfadada. Había dañado mi orgullo, otra vez. Eso ya era demasiado. Antes de doblar la esquina pude escucharlo decir:

-¡¡¡Intentaré recuperarte, sea como sea!!!

“Qué imbécil” Pensé. Lástima, tiempo después, la imbécil sería yo.

Otra vez.