Ella sabía que estar pasándolo mal por una persona tanto tiempo no era bueno, y mucho menos, si no merecía la pena. Pero necesitaba saber más cosas sobre la vida de aquel chico y se acordó de uno de sus amigos, con el cual no había hablado demasiado.La relación entre ellos carecía de sentido, no tenían nada en común. Pero a ella le llamó la atención que, aunque él no soltaba prenda sobre su amigo, siempre la saludaba para hablar de cualquier tema. Quien sabe si fue por esa razón, o por los pequeños detalles que ambos compartían, pero a ella le empezó a inspirar más confianza y el interés por conocer a aquel chico fue aumentando. Ya no se movía por el interés, sino por su propio bienestar, porque se dio cuenta de que hablando con él se sentía bien, muy bien. Y se dio cuenta de que tenían muchísimas más cosas en común de lo que se imaginaban.
A los pocos meses, el dolor que la había estado torturando durante más de un año, había desaparecido. Y todo gracias a él. Muchas fueron las veces que aquello se repetiría.
Poco a poco el contacto fue creciendo más y más. No pasaba un día sin que se contaran su mañana, lo que habían visto, lo que habían sentido en cada momento. Acabaron por ser los mejores amigos. Dando muchísimo de que hablar y eso les encantaba a los dos.
En cada salida uno no podía estar lejos del otro, ella estaba siempre junto a él, y él junto a ella. Siempre que uno estaba mal el otro, automáticamente lo estaba también. Siendo el único consuelo que encontraban. Discutían a menudo, si. Pero las personas que se quieren discuten y ellos se querían muchísimo.
Paso algo que hizo que se separaran. Para ella, sin duda, la peor época que recuerda. Se sentía vacía, y es que le faltaba la mitad de ella misma. Su dependencia hacia él era mala, y lo sabía, pero tenía claro que no quería nada más que a él. Tenía claro que lo necesitaba como a una droga. Aunque sonara demasiado fuerte y muy poca gente lograra entenderla.
Pero él volvió, aunque relativamente. Todo entre ellos estaba tenso, estaba claro que no era lo mismo. Pero ella se prometió que no pararía hasta que todo estuviera en su lugar o lo más cerca de él. Tenía claro que tenía que volver a ganárselo, pero las personas cambian y esa tarea era cada vez más difícil.
Muchas fueron las veces que ella pensó que a él no le importaba, que no tenía en cuenta todo el esfuerzo que hacia por recuperarlo. Y, aunque le dolía al pronunciarlo, llegó a pensar que él había dejado de quererla. Por muy difícil que le resultara creerlo.
Pero, como siempre, él era complicado. Muchas fueron las veces, también, que le había demostrado todo lo contrario. Recuerda un día en la playa, un abrazo en medio de una noche llena de discusiones en una vieja fábrica, una noche de nervios antes de un concierto en su casa, incluso recuerda todos los viernes que han pasado juntos y él la ha hecho sentir algo que nadie consigue.
Hoy hace dos años que se conocen, y aunque el segundo haya sido distinto al primero, siguen conociéndose y confiando el uno en el otro como antes. Y, por supuesto, siguen siendo los mejores amigos. Esos que no pueden estar el uno sin el otro. Por mucho que, a veces, lo nieguen.
No puedo decirte que seas mi todo, porque te estaría mintiendo. Pero si puedo decirte que eres la única persona capaz de complementarme totalmente. Gracias, por estos 365 días. Si, este año ha sido “distinto” pero me conformo. Me conformo con saber que aún tenemos cosas que nos unen únicamente a los dos, que solo nosotros podemos encontrarle sentido a algo que no lo tiene para nadie más. Me conformo con seguir sintiendo que podemos decirnos cosas con una mirada o con una sonrisa, si, y también me conformo con esos diminutos abrazos, demasiado rápidos para mi, pero que al ser tuyos, son los mejores, y con seguir yendo a tus partidos, para disfrutar cuando tu disfrutas o para sufrir cuando tu sufres, y, ¿por qué no? me conformo cuando me dices un “y yo”, porque se que lo dices de verdad, aunque me cueste. Y se, que siempre te tendré a ti para poder desahogarme sobre cualquier tema. Y aunque te cueste, confío en que tú sigas haciendo lo mismo conmigo. Me conformo también con saber que aunque me duela, serás la única persona que me diga lo que piensa en ese instante. Me conformo con saber que nadie podrá llegar a ser lo que tú eres y has sido para mí. Aunque nos separen millones de kilómetros. Me conformo con saber, que en la mayoría de los casos, pensamos exactamente igual.
Que te quiero, y no se cómo explicarlo sin usar estas dos palabras que, ahora, parecen vacías al verlas escritas por todas partes. Aún así me alivia saber que cuando tú me lo dices, lo haces en el momento que tú crees que es el correcto y, muchas veces, aciertas. De todas formas necesito que me lo digas, por la simple razón de que me des la seguridad de que estás conmigo y no a años luz de mi. Supongo que cada vez que te digo esas dos palabras es para que sepas que quiero seguir sufriendo por ti, aunque me haga daño, porque sé, que tarde o temprano, volveré a sentir que estás otra vez a mi lado. Como siempre. Pero como ves no he podido describir esas dos palabras de otra forma, y no me queda más remedio que decirte que te quiero. Cada día más. Y que nunca dejaré de hacerlo, pequeño superhéroe.
Pero qué bonito! :)
ResponderEliminarEl sufrir no es bueno, Ricky. Y menos si ese sufrimiento te lo provocas tú. Pero es distinto... siempre y cuando merezca la pena, y ésto tiene pinta de merecerla, y mucho!
Un beso grande, grande :)
Siento que sobro si te dejo aquí mi opinión. Mejor me voy sin hacer ruido...
ResponderEliminarPublico toda clase de entradas sin prohibir a nadie su opinión. La tuya vale tanto como cualquier otra, de hecho, me gustaría que lo hicieras.
ResponderEliminar