jueves, 28 de octubre de 2010

La fatídica noche (II)

El camino transcurrió de una forma que todos recordaríamos tiempo atrás. Las risas inundaban el silencio que existía en la pequeña ciudad en la que vivíamos y todos hacíamos cosas que dejaban atrás toda la poca vergüenza que nos quedaba guardada.

Mis dos amigas andaban delante con Pablo, mientras que Will y yo quedábamos al final del pelotón, hablando de nada y riéndonos por todo. Y él se paraba sin avisar, simplemente para abrazarme.

-¡Estás muy borracho!- le grité sonriendo. Estaba muy gracioso así.
-¡Qué va! Simplemente me duele un poco la cabeza.

Y avanzábamos unos cuantos pasos más. Y nos movíamos hacia delante, nos uníamos a nuestros tres amigos. Y de nuestras bocas solo sabían salir disparates que se perdían en la cálida noche.

-¡Dormiré algún día en tu casa!- grito Will-Tengo que conocer a mis suegros.
Esto se lo dijo a Ashley. Me volví y sonreí, durante los días anteriores a ese, aquella era la tontería que más ocupaba nuestro tiempo.

Llegamos a la parada de autobús donde me despediría, pues una mentira piadosa a mis padres no me dejaba que me acompañaran hasta la mismísima puerta. Nos abrazamos, como siempre, para despedirnos.

-¡Te queremos!-gritó Ashley mientras yo abrazaba a Pablo.
-Pero yo más.
-Vaaale, Will te quiere más, pero solo un poco.-le contestó mi amiga con un poco de enfado.

Mi mejor amigo me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Mientras que nuestros compañeros esperaban. Después otro beso más cerca y un último, en el blanco.

No puede ser. ¿Qué hace? ¿Me está besando?

Los tres nos miraban perplejos, totalmente sorprendidos por lo que acababa de suceder. Se alejaron para dejarnos hablar. Lo necesitábamos.

-¿Qué haces? ¿Estás loco? ¡¿Por qué?!
-Lo siento, lo siento, lo siento…

Esto lo dijo apoyado en mi hombro y noté como, a la vez, una lágrima nos caía a cada uno.

-Necesitaba hacerlo.
-Estás borracho-dije algo decepcionada, volviendo a la realidad.
-No.

Esta vez lo dijo mirándome a los ojos. Y más besos.

Pero, ¿qué hago? Es mi mejor amigo. No puedo hacerlo. No debo hacerlo. Pero ¿qué más da? Yo quiero hacerlo, también necesitaba hacerlo. Despierta, Alex, está borracho, ¿es que no lo ves? Él no hubiera hecho esto de no ser por el alcohol. Es un error. Vuelve a la realidad. No quiero. Yo lo necesito, yo lo quiero. Lo quiero más que a nada. Esto es una prueba de ello, ¿no? Y él también me lo demuestra. Pero… ¿y si ha sido impulsivo? ¿y si no sabe lo que hace? ¿y si…? ¡Deja de pensar! Si, cierto. Lo quiero, eso es lo que importa y yo también quiero hacer esto.

Y al rato vino otro beso, esta vez de despedida.

Y después llegó un mensaje al móvil.
Y después una llamada.
Y después u
n te quiero.
Y una inútil promesa.
Y un fatídico final: el fin de nuestra magia.

domingo, 17 de octubre de 2010

Carta de despedida

En el sobre, con su descuidada caligrafía y con su querido bolígrafo negro, se podía leer: para los nueve. Le dio la carta al niño y le indicó a quiénes tenía que dársela.
Cuando el chico comenzó a andar hasta los que eran sus amigos, ella se quedó ahí, esperando a que el sobre llegara tal y como se lo había dado al pequeño. Ella los había reunido allí, para verlos a todos juntos una última vez.

Cuando el sobre fue entregado a la chica de ojos verdes y a veces marrones, se quedó mirándolos, observando sus reacciones en silencio.




Se que es sorprendente que haya podido haceros esto. Si, pensaréis que no es justo que no me haya dignado a salir de mi escondite para daros un último abrazo pero no me siento con las suficientes fuerzas y creo que vosotros tampoco.
Las despedidas siempre son duras y esta más. Además, si hubiera venido físicamente no os hubiera podido decir todo esto.
Quiero que sepáis que por muchos kilómetros que nos separen siempre quedarán los buenos momentos. Y que nunca nos separaremos, pues yo, por lo menos, os tendré siempre en mi corazón. Se que suena cursi, pero es la clase de frases que pegan ahora.
Y no quiero que estéis tristes, pensad que así os libráis un poquito de la pesada que soy.

James, Matt poco tengo que deciros a vosotros. Aunque ahora hayáis echado raíces con otro grupo me gustaría mucho que los días que venga pudiera compartirlos también con vosotros. Matt, tu fuiste mi primer mejor amigo y sabes, nunca olvidaré todo lo que has hecho por mi. James, gracias por dejarme conocerte un poco más.

Pablo, sonríe. Sabes que tienes que sacar esto adelante. Con tus bromas y tus tonterías sueles alegrarnos a todos. Pensaré muchísimo en ti. Después de todo sigues siendo uno de mis nenes. Y lo que tú y yo hemos vivido no se puede comparar con nada más. Recuerda que si no es hoy, será mañana.

A ti, pequeñaja, inúndalo todo con tu estruendosa risa. Con esa tan contagiosa. Sigue con tus pequeñas cosas que te hacen grande día a día. Sigue llenando tu habitación con libros y con pendientes de todas las clases. Porque cuando vuelva quiero ver cosas nuevas. Intenta sobre todo ser feliz. Y cuida de la pequeña, que necesitará siempre a su tita.

Max, Will, Ashley, Luz, siento que nuestro plan de irnos a vivir juntos se haya estropeado. Me hacía muchísima ilusión poder pasar todos los días junto a vosotros. Espero que sea así, pero a un poco más de distancia.
Max, cuida de mi mejor amiga, quiero que estéis así durante mucho tiempo. Luz, cuida de Ashley, ya sabes que es muy sensible respecto a estas cosas. Pero no os preocupéis, antes de que os deis cuenta me tendréis de nuevo entre vosotros.
Os doy las gracias a las dos, por estar ahí siempre. Y sobre todo a ti, cabrica, porque eres de las cosas más grandes que me han podido pasar en la vida.
Y de ti, superhéroe, no se que decir. Serás la persona que más eche de menos, a la que más necesite. Necesitaré tus ánimos pero también tus desprecios, no creo que nadie consiga hacerlo como tú. Nunca habrá nadie que pueda llegar a lo que tú has sido y eres en mi vida. Nadie. Intanta tú también no sustituirme, me sentiría muy mal.

Y no os preocupéis demasiado por mí. Estaré bien. Llamadme cuando queráis, siempre a vuestro servicio. Volveré pronto, prometido.

Recordad que no habrá un minuto del día que no esté pensando en vosotros, pero sobre todo recordad que os quiero.





Cuando vio a su mejor amiga llorando y doblando el papel supo que habían terminado de leer. Ese fue el instante en que comenzó a andar hacia su nueva vida.

sábado, 16 de octubre de 2010

Y asi pasan los días

Paseaba por aquel rincón de su pequeña ciudad sin rumbo, con ningún fin, simplemente escaparse un poco de todo lo que la rodeaba, pero como pensó: no pudo.

Su pelo negro se agitaba con la suave brisa que corría y con los brazos cruzados, abrigándose, avanzaba un paso más. En su travesía vio a parejas, a muchas parejas. Sonreía al ver que todavía seguían yendo a aquel lugar para tener un poco de intimidad.

Notaba como todo un mundo quedaba ya lejos, estando ella atrapada en el suyo propio, lleno de llantos y desgracias. Primero estaba lo de ellas cuatro. Veía que ya nada era lo de antes. Eso ya lo sabía, pero ahora era distinto: habían pasado a ser tres, y la perdida de una de ellas le dolía tanto como si le clavaran un puñal directamente en el corazón. Pero prefería parecer fuerte ante ese tema, indiferente, te todas formas ella también lo era y no le importaban las palabras de desprecio que escribía hacia las tres personas que habían sido las más importantes de su vida. Pero se vieron sustituidas y cada paso que daban era un paso más hacia su final de historia.

Se secó una de las lágrimas que le mojaban la cara.

Después estaba su casa. Un ambiente de tristeza e impotencia lo envolvía todo. Hace días que se habían enterado de una noticia y eso había hecho mella en ellos. Como siempre en esos temas, sus padres se lo ocultaban todo y ella tampoco era capaz de preguntar nada, seguramente por miedo a la respuesta. Tendría que esperar a que le dieran la última buena noticia o la última mala noticia. Y la espera se hacía interminable. A consecuencia de esto, su concentración iba y venía. Estaba en un curso importante y aún no se daba cuenta de que tenía que esforzarse más, pero no podía y eso la preocupaba : su futuro estaba en juego.

Pasó al lado de una pareja. Reían y se besaban despreocupados de todo y de todos. Una leve sonrisa se posó en su cara y recordó cuando hace un año exactamente ella era la chica más feliz de la ciudad. Suspiró y se dio cuenta de lo lejos que quedaba eso.
También estaba lo de su amiga de siempre. Después de dos años, podría decirse que su novio la dejó plantada en el altar. “Tenían tantos planes de futuro…"
Al estar su amiga así, entre ellas también había un ambiente de continua tristeza.

Y por si todo esto fuera poco llevaba haciendo la cuenta atrás desde hacia meses. Sus mejores amigos se iban a estudiar a la universidad y notaba que se quedaría sola. Los echaría muchísimo de menos y no se imaginaba la vida sin ellos, aunque solo fuera un año.


Acabó llegando al parque, y un montó de recuerdos comenzaron a llenarle la vista.

Sabía algo que la podía animar, solo con una cosa podría volver a sonreír y ver todo de otra forma: Will. ¿Lo malo? Él no estaba.

domingo, 10 de octubre de 2010

Me ciega la luz de la habitación. Que bonito el día, nos despierta el sol. Miro a mi derecha y la veo: sigue en la misma posición, mis sábanas blancas caen sobre su espalda semidesnuda subiendo en la pequeña curva de su cintura. Es increíble lo que pueden hacer las fans por acostarse con un músico más o menos famoso. El beso que me da hace que recuerde el olor de su saliva en mi boca la noche anterior y sin pensarlo dos veces voy a adentrarme un poco más en su camisón.

Ella sabe lo que hay, maneja su rol. Mueve sus fichas a la perfección. Me acaricia y me dice que puede ir más allá. Podemos aguantar un poco más. Quizá después de desayunar quiera hacerlo en el ascensor. Quien sabe, la fama es así.

Poco recuerdo del concierto de esa noche, solo puedo rememorar música a todo volumen, palmas, chillidos, mucha gente, algún que otro cigarro prohibido y alguna que otra copa con varias mezclas también.

Tampoco recuerdo como la conocí a ella, quizá fue en el backstage, pero se lo que me gustó cuando la vi: su descaro, su libertad y, sobre todo, su cuerpo. No podía creerme que tuviera fans tan guapas y tan agradecidas.

Efectivamente, su desenfreno se desató en el ascensor, aunque dijo que después le gustaría repetir en el balcón. “Menuda mañanita”, pensé mientras me desabrochaba el pantalón. Todo iba muy bien, mejor de lo que cualquier hombre pudiera soñar. Demasiado ruido hicimos que aparecieron dos policías pidiéndonos la documentación.

-Parece mentira que abuse de su fama para saltarse las reglas. Esto es un delito. Acompáñenos.

No tenía remedio: no aprendía la lección, siempre me pasaba lo mismo. El dejarse llevar está bien de vez en cuando, pero todas las semanas terminaba en el calabozo.

Pasaron los días y volví a encontrarla, tan guapa como días atrás. Me paró, en medio de la calle.

-Basta de hablar.

Esas fueron sus últimas palabras antes de empujarme hacia un sucio portón. Que pena, que solo estuviera a escasos metros de la comisaría. Solo le dio tiempo a ponerse los tacones y una falda que parecía un cinturón. Yo, como siempre, con chaleco y gafas de sol. Nos fuimos rápido, fumándonos un cigarrito.

No se si la volvería a ver, pero estaba claro: ella tiene un don.

sábado, 9 de octubre de 2010

19.03.09

El plan era pasar una tarde patinando los tres.
Acabamos haciendo de todo menos patinar.
Fue de esas tardes que no haces nada, pero que te lo pasas muy bien.


lunes, 4 de octubre de 2010


Fue una noche de septiembre, casi al filo de los tres años de conocerse, cuando él le dijo que la amaba y que siempre fue asi. Fue la noche antes de que él se marchara para siempre.