El camino transcurrió de una forma que todos recordaríamos tiempo atrás. Las risas inundaban el silencio que existía en la pequeña ciudad en la que vivíamos y todos hacíamos cosas que dejaban atrás toda la poca vergüenza que nos quedaba guardada.
Mis dos amigas andaban delante con Pablo, mientras que Will y yo quedábamos al final del pelotón, hablando de nada y riéndonos por todo. Y él se paraba sin avisar, simplemente para abrazarme.
-¡Estás muy borracho!- le grité sonriendo. Estaba muy gracioso así.
-¡Qué va! Simplemente me duele un poco la cabeza.
Y avanzábamos unos cuantos pasos más. Y nos movíamos hacia delante, nos uníamos a nuestros tres amigos. Y de nuestras bocas solo sabían salir disparates que se perdían en la cálida noche.
-¡Dormiré algún día en tu casa!- grito Will-Tengo que conocer a mis suegros.
Esto se lo dijo a Ashley. Me volví y sonreí, durante los días anteriores a ese, aquella era la tontería que más ocupaba nuestro tiempo.
Llegamos a la parada de autobús donde me despediría, pues una mentira piadosa a mis padres no me dejaba que me acompañaran hasta la mismísima puerta. Nos abrazamos, como siempre, para despedirnos.
-¡Te queremos!-gritó Ashley mientras yo abrazaba a Pablo.
-Pero yo más.
-Vaaale, Will te quiere más, pero solo un poco.-le contestó mi amiga con un poco de enfado.
Mi mejor amigo me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Mientras que nuestros compañeros esperaban. Después otro beso más cerca y un último, en el blanco.
No puede ser. ¿Qué hace? ¿Me está besando?
Los tres nos miraban perplejos, totalmente sorprendidos por lo que acababa de suceder. Se alejaron para dejarnos hablar. Lo necesitábamos.
-¿Qué haces? ¿Estás loco? ¡¿Por qué?!
-Lo siento, lo siento, lo siento…
Esto lo dijo apoyado en mi hombro y noté como, a la vez, una lágrima nos caía a cada uno.
-Necesitaba hacerlo.
-Estás borracho-dije algo decepcionada, volviendo a la realidad.
-No.
Esta vez lo dijo mirándome a los ojos. Y más besos.
Pero, ¿qué hago? Es mi mejor amigo. No puedo hacerlo. No debo hacerlo. Pero ¿qué más da? Yo quiero hacerlo, también necesitaba hacerlo. Despierta, Alex, está borracho, ¿es que no lo ves? Él no hubiera hecho esto de no ser por el alcohol. Es un error. Vuelve a la realidad. No quiero. Yo lo necesito, yo lo quiero. Lo quiero más que a nada. Esto es una prueba de ello, ¿no? Y él también me lo demuestra. Pero… ¿y si ha sido impulsivo? ¿y si no sabe lo que hace? ¿y si…? ¡Deja de pensar! Si, cierto. Lo quiero, eso es lo que importa y yo también quiero hacer esto.
Y al rato vino otro beso, esta vez de despedida.
Y después llegó un mensaje al móvil.
Y después una llamada.
Y después un te quiero.
Y una inútil promesa.
Y un fatídico final: el fin de nuestra magia.
Mis dos amigas andaban delante con Pablo, mientras que Will y yo quedábamos al final del pelotón, hablando de nada y riéndonos por todo. Y él se paraba sin avisar, simplemente para abrazarme.-¡Estás muy borracho!- le grité sonriendo. Estaba muy gracioso así.
-¡Qué va! Simplemente me duele un poco la cabeza.
Y avanzábamos unos cuantos pasos más. Y nos movíamos hacia delante, nos uníamos a nuestros tres amigos. Y de nuestras bocas solo sabían salir disparates que se perdían en la cálida noche.
-¡Dormiré algún día en tu casa!- grito Will-Tengo que conocer a mis suegros.
Esto se lo dijo a Ashley. Me volví y sonreí, durante los días anteriores a ese, aquella era la tontería que más ocupaba nuestro tiempo.
Llegamos a la parada de autobús donde me despediría, pues una mentira piadosa a mis padres no me dejaba que me acompañaran hasta la mismísima puerta. Nos abrazamos, como siempre, para despedirnos.
-¡Te queremos!-gritó Ashley mientras yo abrazaba a Pablo.
-Pero yo más.
-Vaaale, Will te quiere más, pero solo un poco.-le contestó mi amiga con un poco de enfado.
Mi mejor amigo me abrazó y me dio un beso en la mejilla. Mientras que nuestros compañeros esperaban. Después otro beso más cerca y un último, en el blanco.
No puede ser. ¿Qué hace? ¿Me está besando?
Los tres nos miraban perplejos, totalmente sorprendidos por lo que acababa de suceder. Se alejaron para dejarnos hablar. Lo necesitábamos.
-¿Qué haces? ¿Estás loco? ¡¿Por qué?!
-Lo siento, lo siento, lo siento…
Esto lo dijo apoyado en mi hombro y noté como, a la vez, una lágrima nos caía a cada uno.
-Necesitaba hacerlo.
-Estás borracho-dije algo decepcionada, volviendo a la realidad.
-No.
Esta vez lo dijo mirándome a los ojos. Y más besos.
Pero, ¿qué hago? Es mi mejor amigo. No puedo hacerlo. No debo hacerlo. Pero ¿qué más da? Yo quiero hacerlo, también necesitaba hacerlo. Despierta, Alex, está borracho, ¿es que no lo ves? Él no hubiera hecho esto de no ser por el alcohol. Es un error. Vuelve a la realidad. No quiero. Yo lo necesito, yo lo quiero. Lo quiero más que a nada. Esto es una prueba de ello, ¿no? Y él también me lo demuestra. Pero… ¿y si ha sido impulsivo? ¿y si no sabe lo que hace? ¿y si…? ¡Deja de pensar! Si, cierto. Lo quiero, eso es lo que importa y yo también quiero hacer esto.
Y al rato vino otro beso, esta vez de despedida.
Y después llegó un mensaje al móvil.
Y después una llamada.
Y después un te quiero.
Y una inútil promesa.
Y un fatídico final: el fin de nuestra magia.

