Fuego final, lo digo y no lo puedo escuchar, los días se escapan, las nubes se van.Si alguna vez fui un rayo y no te supe esperar, maldigo mi suerte, me quiero matar.Las victorias nunca pasan por mi lado, las promesas y las dudas en el mismo trago.Te necesito cerca, aunque sea un rato.Piel de huracán, podemos apostarlo al billar, hagamos un trato, lo dejamos igual.Si alguna vez fui un loco que te quiso cambiar, no se te ocurra entenderlo mal.Las victorias nunca pasan por mi lado, las estrellas y la bruma en el mismo trago.Te necesito cerca, aunque sea un rato.Ponte en mi lugar... aunque sea un rato.Y mientras por aquí, llueve a todo trapo, pero siempre afloja el temporal......aunque sea un rato, aunque sea un rato, aunque sea un rato.
miércoles, 28 de marzo de 2012
miércoles, 21 de marzo de 2012
In my mind
Estaba desconcertado. Se había despertado de repente en un sitio que no había visto jamás. Lo último que recordaba era la imagen del libro de la asignatura que estaba estudiando y que poco a poco se estaba quedando dormido.
Estaba en una sala redonda de color granate donde reinaba el silencio y en la que había seis puertas. Era un guerrero cobarde valiente y solía atreverse a cualquier cosa, así que se acercó a la puerta que tenía en frente y la abrió con cuidado, con la mayor parte del cuerpo alejada, alargando la mano hacia el manillar redondo y dorado.
No podía creer lo que estaba viendo. Ese parque... Entonces la vio, sentada en un banco con una cámara de fotos nueva, temblando de nervios y de rabia, y recordó que ella odiaba esperar. Intentó acercarse, atravesar el umbral de la puerta, pero había algo que lo impedía. Le gritó una y otra vez pero fue inútil y la puerta se cerró dando un portazo.
Se desconcertó durante unos minutos, pero aún así sonrió. En el fondo esa situación le estaba divirtiendo. Se dirigió a la siguiente puerta por la derecha. Esta vez lo hizo con más seguridad. La volvió a ver, ahora corría por toda la calle, torpe, intentando que no se le cayera el bolso y la chaqueta. No paraba de mirar el reloj. Esta vez la miró divertido y comprendió que no servía de nada intentar dirigirse a ella. Automáticamente la imagen cambio, se vio a si mismo a través de los ojos de ella, estaba oscuro, pero reconoció el lugar. Esta vez se escuchaba una leve voz. Su voz. ¿Eran sus pensamientos? La puerta se cerró. De nuevo se quedó atontado ante la nueva imagen y con ese pensamiento en la cabeza.
En la siguiente puerta: un paisaje verde, árboles y más árboles. Y silencio, sobre todo silencio. Eso le hizo tranquilizarse, como lo hacía siempre. Se escuchaban los suspiros de cansancio de ella y las risas de él. Y se besaron. La puerta se cerró. Y se emocionó.
Cuarta puerta. Ella entrando a su casa. Casi podía tocarla, era como ver una película en 3D y, de hecho, lo intentó un par de veces. Vio, en primer lugar, sus ojos abiertos como platos al descubrir un paquete con su nombre sobre la mesa de la entrada y vio, en último lugar, sus ojos llorosos de emoción al leer la carta que llevaba dentro. La puerta se cerró, devolviéndolo por cuarta vez a la realidad. Tenía ganas de llorar pero no lo hizo.
Quinta puerta. La abrió despacio, disfrutando el momento. Otra vez ella, en su habitación. El reloj de la mesilla marcaba las dos de la mañana y estaba trabajando en algo. Tenía una caja azul de lunares blancos entre las manos y una gran cantidad de caramelos que él conocía a la perfección desparramados sobre la mesa. Había folios arrugados, rotuladores, bolígrafos. Y otra vez se oía su voz, pero sus labios no se movían. Y se cerró.
Última puerta. Se pensó el abrirla, no quería irse de allí, quería seguir viéndola. Pero la curiosidad y la emoción pudo con él y se dirigió hacia ella. Se decepcionó. Esta vez no era ella quien aparecía ante sus ojos. Era él de nuevo. Tenía una guitarra entre las manos y al mirar a través de ella pudo sentirse por un instante en su piel. Y supo exactamente cuántas mariposas habían volado por su estómago en ese momento. Se cerró sin darle tiempo a reaccionar.
Sin esperarlo se abrió una nueva puerta que antes no había visto. Esta vez si pudo atravesar el umbral y fue avanzando por un pasillo que parecía infinito, también de color granate, en el que las luces se encendían conforme pasaba y las paredes estaban decoradas con cuadros aunque no eran pinturas: eran fotos. Y en la mayoría aparecía ella con él, en momentos que conocía muy bien. Besos, abrazos, risas, miradas, canciones, bailes, pero en ninguna había una cara triste.
Y justo en el momento en el que se dio cuenta dónde estaba y qué es lo que estaba viendo se encontró de nuevo en su habitación con un pos-it sobre una caja azul de lunares blancos que decía: "Espero que el viaje haya ido bien. Ya era hora de que te atrevieras a entrar." Corazón.
PD: y es que al final sólo quedan los buenos momentos, esos recuerdos que permanecerán siempre, por mucho tiempo que pase y los menos buenos se irán desvaneciendo poco a poco. Porque somos solo recuerdos si. Ha sido un paso importante para mi descubrirte mi secreto. Ahora puedes decir con orgullo que lo sabes todo de mi. Y también puedes decir que te quiero más de lo que imaginabas, admítelo.
:)
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