Bajé la ventanilla, olvidándome por un segundo de lo que automáticamente vendría después.
-¡Súbela!
Will odiaba que bajara la ventanilla del copiloto en medio de la autovía. Decía que "el aire no le dejaba concentrarse en la carretera" con su típica cara de chico maduro y totalmente serio. Yo lo sabía y muchas veces lo hacía adrede: todo por sacarlo de quicio. Tras una leve sonrisilla la subí sin contradecirle, era su coche y sus normas. Aunque yo tenía la esperanza de poder cambiarlas algún día.
Continuó hablando y por un instante dejé de escucharlo y me puse a pensar en todo lo que había acontecido desde el último verano.
Tras la temida prueba de acceso a la universidad el verano trascurrió tranquilo, sin ningún altercado posible de destacar, como otro cualquiera. Yo me desplazaba muchas veces para poder visitar a Will y a Aslhey e intentaba que los demás también lo hicieran, quería pasar con todos el mayor tiempo del mundo antes de que llegara el temido septiembre.
Pero sin darme cuenta nos plantamos en enero del año siguiente. Como todos sacaron muy buenos resultados pudieron empezar sus nuevos años donde cada uno quiso.
Luz logró aprobar y con muy buena nota en septiembre y pudo entrar a estudiar magisterio, como ella quería. Y lo mejor de todo: en la misma ciudad que había elegido Max, al que le dio la nota de sobra para estudiar su querida arquitectura. Estaba claro que vivirían juntos y me alegraba mucho por ellos, a fin de cuentas, estaban destinados a estar juntos siempre.
Pablo se fue con las personas que quería a la ciudad que quería, pero no a estudiar lo que él había planeado siempre. La nota no le llegó y, aunque todos lo esperábamos, a él pareció sorprenderle en un primer momento. Tuvo que conformarse con la carrera de enfermería, se quejaba al principio, pero acabó acostumbrándose con el tiempo.
Will se había ido más lejos que ninguno. A él también le había dado la nota de sobra, como yo esperaba desde siempre y pudo elegir entre un abanico muy amplio de diferentes posibilidades.
Irremediablemente Aslhey y yo nos habíamos quedado solas. Ella echaba mucho de menos a todos, siempre estaba pensando, incluso más que yo. Pero ambas estábamos bastante ocupadas con nuestros estudios: ahora nos tocaba a nosotras.
Muchas veces nos sentíamos vacías, nada era lo mismo. Había muchas veces que no sabíamos nada de nuestro amigos y nos enfadábamos mucho. Pensábamos que habían conocido a no se quien, que estarían en no se donde. Pero todos los viernes por la tarde volvían y disfrutábamos del tiempo como si nunca se hubieran ido.
-Vale, ahora has dejado de escucharme, perfecto.
-¡Lo siento! Me he quedado pensando un momento.
-¿Pensando tú? ¿En qué?
-En todo lo que os echo de menos durante la semana, nos tenéis abandonadas...
-Venga ya, si nos vemos todos los viernes y hablamos todos los días. Eres una exagerada.
-Si, pero es distinto de todas formas.
-Anda, deja de quejarte, quejica. Que casi hemos llegado.
-Esta sorpresa me está poniendo de los nervios, que lo sepas ¿cuánto tiempo llevamos metidos en el coche?
-Mírala. Encima que llevo pensando esto desde hace una semana vas y pones pegas, tenía que haber pensado eso también, es lo más propio de ti.
-Venga, sabes que me ha encantado que te acuerdes.
-¿Cómo no me voy a acordar? Hoy hace un año que te estoy aguantando de manera distinta a la que te he estado aguantando el resto de años que te conozco.
-A mi me gusta más decir que hoy hace un año que te diste cuenta que estabas locamente enamorado de mi.
-Pobre ilusa, ya sabes por qué estoy contigo.
-¡Imbécil!
Paró el coche y se bajó.
-Espera un momento, tengo que taparte los ojos, ¡no bajes aún! Estoy nervioso, espero no fastidiarlo todo y que te guste la sorpresa. Si no te gusta, miénteme.
Lo dijo mientras me ponía un pañuelo en los ojos y me cogía de la mano. Se me escapó una carcajada cuando terminó la frase.
-No seas idiota, estoy segura de que me va a encantar. ¡Te cuidado, eh! No quiero caerme.
-Tranquila, sabes que yo siempre cuido de ti.
Esta frase vino acompañada de un suave beso en los labios.
-Si, lo se.