jueves, 23 de diciembre de 2010


No, no se entiende. No se puede entender. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo es que ya no está? ¿Cómo puede estar con otro? Vuelve a ver ese coche de conducción segura. Los imagina en la cama, abrazados.De algo está seguro: "no podrá amarla como yo la amaba, no podrá adorarla de esa manera, no sabrá apreciar todos sus dulces movimientos, esos gestos de su rostro"

Es como si sólo a él le hubiera concedido ver, conocer el auténtico sabor de sus besos, el color real de sus ojos. "Jamás ningún hombre podrá ver lo que yo he visto. Y él menos que ninguno. Él, real, crudo, inútil, material..." Lo imagina así, incapaz de amarla, deseoso tan sólo se su cuerpo, incapaz de verla de verdad, de entenderla, de respetarla, Él no se divertirá con sus dulces caprichos. Él no amará tampoco sus pequeñas manos, sus uñas mordidas, sus pies gordezuelos, ese pequeño lunar escondido, al menos no tanto como para que no lo encuentre. Tal vez lo verá, sí, qué terrible sufrimiento, pero no será capaz de amarlo. No de esa manera...



Quería actualizar el blog, ya que lo tengo un poco abandonado; pero como mi inspiración está estancada he decidido recurrir a lo fácil y escribir aqui un párrafo de uno de los libros que me han aportado más. Prometo volver pronto.

viernes, 10 de diciembre de 2010

"Disfrutando a poquitos la vida entera"

Ella sabía que estar pasándolo mal por una persona tanto tiempo no era bueno, y mucho menos, si no merecía la pena. Pero necesitaba saber más cosas sobre la vida de aquel chico y se acordó de uno de sus amigos, con el cual no había hablado demasiado.

La relación entre ellos carecía de sentido, no tenían nada en común. Pero a ella le llamó la atención que, aunque él no soltaba prenda sobre su amigo, siempre la saludaba para hablar de cualquier tema. Quien sabe si fue por esa razón, o por los pequeños detalles que ambos compartían, pero a ella le empezó a inspirar más confianza y el interés por conocer a aquel chico fue aumentando. Ya no se movía por el interés, sino por su propio bienestar, porque se dio cuenta de que hablando con él se sentía bien, muy bien. Y se dio cuenta de que tenían muchísimas más cosas en común de lo que se imaginaban.

A los pocos meses, el dolor que la había estado torturando durante más de un año, había desaparecido. Y todo gracias a él. Muchas fueron las veces que aquello se repetiría.

Poco a poco el contacto fue creciendo más y más. No pasaba un día sin que se contaran su mañana, lo que habían visto, lo que habían sentido en cada momento. Acabaron por ser los mejores amigos. Dando muchísimo de que hablar y eso les encantaba a los dos.

En cada salida uno no podía estar lejos del otro, ella estaba siempre junto a él, y él junto a ella. Siempre que uno estaba mal el otro, automáticamente lo estaba también. Siendo el único consuelo que encontraban. Discutían a menudo, si. Pero las personas que se quieren discuten y ellos se querían muchísimo.

Paso algo que hizo que se separaran. Para ella, sin duda, la peor época que recuerda. Se sentía vacía, y es que le faltaba la mitad de ella misma. Su dependencia hacia él era mala, y lo sabía, pero tenía claro que no quería nada más que a él. Tenía claro que lo necesitaba como a una droga. Aunque sonara demasiado fuerte y muy poca gente lograra entenderla.

Pero él volvió, aunque relativamente. Todo entre ellos estaba tenso, estaba claro que no era lo mismo. Pero ella se prometió que no pararía hasta que todo estuviera en su lugar o lo más cerca de él. Tenía claro que tenía que volver a ganárselo, pero las personas cambian y esa tarea era cada vez más difícil.

Muchas fueron las veces que ella pensó que a él no le importaba, que no tenía en cuenta todo el esfuerzo que hacia por recuperarlo. Y, aunque le dolía al pronunciarlo, llegó a pensar que él había dejado de quererla. Por muy difícil que le resultara creerlo.

Pero, como siempre, él era complicado. Muchas fueron las veces, también, que le había demostrado todo lo contrario. Recuerda un día en la playa, un abrazo en medio de una noche llena de discusiones en una vieja fábrica, una noche de nervios antes de un concierto en su casa, incluso recuerda todos los viernes que han pasado juntos y él la ha hecho sentir algo que nadie consigue.

Hoy hace dos años que se conocen, y aunque el segundo haya sido distinto al primero, siguen conociéndose y confiando el uno en el otro como antes. Y, por supuesto, siguen siendo los mejores amigos. Esos que no pueden estar el uno sin el otro. Por mucho que, a veces, lo nieguen.






No puedo decirte que seas mi todo, porque te estaría mintiendo. Pero si puedo decirte que eres la única persona capaz de complementarme totalmente. Gracias, por estos 365 días. Si, este año ha sido “distinto” pero me conformo. Me conformo con saber que aún tenemos cosas que nos unen únicamente a los dos, que solo nosotros podemos encontrarle sentido a algo que no lo tiene para nadie más. Me conformo con seguir sintiendo que podemos decirnos cosas con una mirada o con una sonrisa, si, y también me conformo con esos diminutos abrazos, demasiado rápidos para mi, pero que al ser tuyos, son los mejores, y con seguir yendo a tus partidos, para disfrutar cuando tu disfrutas o para sufrir cuando tu sufres, y, ¿por qué no? me conformo cuando me dices un “y yo”, porque se que lo dices de verdad, aunque me cueste. Y se, que siempre te tendré a ti para poder desahogarme sobre cualquier tema. Y aunque te cueste, confío en que tú sigas haciendo lo mismo conmigo. Me conformo también con saber que aunque me duela, serás la única persona que me diga lo que piensa en ese instante. Me conformo con saber que nadie podrá llegar a ser lo que tú eres y has sido para mí. Aunque nos separen millones de kilómetros. Me conformo con saber, que en la mayoría de los casos, pensamos exactamente igual.

Que te quiero, y no se cómo explicarlo sin usar estas dos palabras que, ahora, parecen vacías al verlas escritas por todas partes. Aún así me alivia saber que cuando tú me lo dices, lo haces en el momento que tú crees que es el correcto y, muchas veces, aciertas. De todas formas necesito que me lo digas, por la simple razón de que me des la seguridad de que estás conmigo y no a años luz de mi. Supongo que cada vez que te digo esas dos palabras es para que sepas que quiero seguir sufriendo por ti, aunque me haga daño, porque sé, que tarde o temprano, volveré a sentir que estás otra vez a mi lado. Como siempre. Pero como ves no he podido describir esas dos palabras de otra forma, y no me queda más remedio que decirte
que
te quiero. Cada día más. Y que nunca dejaré de hacerlo, pequeño superhéroe.

sábado, 4 de diciembre de 2010

El final del juego

Mi relación con Jazz iba cada vez mejor. Tenía la sensación de que estábamos bastante unidos, más que antes. Fueron más de uno los viernes que quedé con él en vez de con las chicas, nunca pensé que pudiera molestarles, ellas se llevaban bien con Jazz.

Un viernes estaba en el portón de Jazz haciendo nada, como siempre. Mi móvil empezó a sonar: era un mensaje. De una de ellas tres. El mensaje era corto, con dos simples palabras pero que decían mucho. Creí que efectivamente aquello se trataba de un juego, que era
broma, pero me llegó otro mensaje. De otra de ellas, idéntico. Empecé a creer que, quizá, no fuera tan broma como yo me pensaba. Jazz no dijo ni una palabra. Finalmente mi móvil vibró una tercera y última vez. Esta vez el mensaje me dolió más aún, era de la chica que había sido mi mejor amiga durante mucho mucho tiempo. Con la que había compartido más que conmigo misma. Ella también me decía en aquel mensaje que el juego había acabado.

No sabría definir muy bien mis pensamientos y mi cara en esos momentos, quizás, Jazz tenga más cosas que decir respecto a eso. Lo único que hice fue levantarme de aquel portón y salir corriendo, dejando a mi mejor amigo allí. Las llamé.



Corrí, corrí por la gran calle de la ciudad.
Corrí como nunca había corrido. Corrí olvidándome de mi asma, olvidándome de todo. Solo me importaba verlas a ellas.

Llegué por fin al lugar donde se encontraban. Pedí explicaciones, con una tímida sonrisa en la cara, con la esperanza todavía de que se tratara de una inocente tomadura de pelo.

-Ya has jugado bastante con nosotras. Creemos que esto debe terminar aquí.- dijo la mediana de ellas, mientras que la mayor afirmaba y la que había sido mi mejor amiga
agachaba la cabeza.

-No entiendo, ¿qué pasa?- lo dije desesperada por conseguir una explicación a toda aquella locura.

-Nos has sustituido por Jazz y estamos hartas. Creo que sería mejor que tú siguieras tu camino y nosotras el nuestro.

Las miré una a una, a los ojos: definitivamente, no las reconocía. Y me quedé ahí, sin mucho más que hacer…



Cuando Luz terminó de contarme la historia supe que yo tenía que convertirme en su mejor amiga. Una de verdad. Y que juntas saldríamos de eso, aunque acabáramos magulladas intentándolo.