martes, 26 de junio de 2012

22 de abril de 2084


Deseaba salir de allí, alejarme de los trajes negros, del olor a flores y de los "pobrecita". Subí al piso de arriba, a la habitación que había, y seguía siendo, de mi abuela. Estaba todo como siempre: la cama hecha a la perfección, sus cosas sobre la mesilla derecha, fotos de sus viajes en un espejo y un jarrón con flores frescas encima de la mesilla izquierda. Supuse que mamá las habría puesto allí esa mañana, antes de que llegaran todos. Así lo hubiera querido ella. 
Me senté sobre la cama, como tantas veces había hecho, pero esta vez sola. Me puse a pensar y me di cuenta de lo unida que estaba a mi abuela. Desde que nací, pensé. Toqué sus cosas con cautela, como con miedo de que entrara por la puerta y me dijera "¡Andrea! ¿Cuántas veces te he dicho que no entres a mi habitación sin permiso?" Luego reía y se sentaba a mi lado a contarme cualquier historia. Qué tonta. Eso ya no volvería a pasar. 
Abrí el primer cajón de la mesilla izquierda, justo debajo de las flores, y encontré un pequeño cofrecito. No tenía llave. Lo abrí despacio y descubrí, junto con algunas fotos antiguas, unas cuantas cuartillas dobladas. Reconocí su letra y, sin pensarlo, comencé a leer...

No se qué razón me ha hecho viajar de nuevo en el tiempo. En los recuerdos. Y no se qué razón me ha obligado a plasmarlo todo en un papel. En realidad, recuerdo muchísimas cosas de cuando era joven. Recuerdo a mis padres y a mi hermano como si los tuviera delante. Nunca he necesitado ninguna fotografía para recordar cada uno de sus rasgos. Me siento afortunada por vivir durante tanto tiempo y tan lucidamente. 
También recuerdo a mis amigos y a todas las personas que han formado parte de mi vida. Claro, y aquí es cuando me sonrojo, también recuerdo a mis novios. No han sido muchos pero, he de decir, que siempre he sabido elegir bien, aunque en ese momento no me diera cuenta. 
Pero sobre todo me acuerdo de él. Dicen que el primer amor nunca se olvida. Y así es. Tampoco necesito mirar ninguna de sus fotos para acordarme de su cara, aunque lo hago a menudo. Hubo un tiempo que me dio miedo que se me olvidara. Era tan guapo...
Han habido otros hombres, otros tipos de amor, pero como aquel... ninguno. Ahora caigo: quizá esa sea la razón que me ha hecho viajar en el tiempo y, sobre todo, plasmarlo en un papel. Estoy obligada a contar nuestra historia. 

Nunca supe muy bien en qué momento aquel chico me dejó totalmente enamorada. Quizá fue cuando noté las primeras mariposas en el estómago, causadas por su primer beso. En la mejilla, eso sí. No me reconocí cuando al mirarme al primer espejo me vi más roja que un tomate. Quizá fue cuando me enfadaba tremendamente cuando no me hacía caso. O quizá fue cuando, esta vez si, nos dimos nuestro primer beso.
Nuestra relación como "algo más que amigos" duró poco pero fue intenso. No porque nos lleváramos mal, al contrario, nunca discutíamos. Y la segunda vez que lo hicimos comprendimos que había llegado el final. 
Recuerdo todos y cada uno de los detalles que tuvo conmigo durante todo aquel tiempo. Recuerdo que yo no creía que alguien pudiera tratarme tan bien. No estaba acostumbrada. Y, cuando compartía mi asombro con él, me contestaba "no te creo, tú mereces eso y más". Recuerdo que todos y cada uno de los días me decía que me quería y lo guapa que estaba, aunque yo supiera que mentía. Recuerdo que me encantaba su olor y que, a veces, me parece olerlo. Recuerdo que muchas veces le dije que las palabras se las llevaba el viento y él asentía... Recuerdo todas esas miradas de apoyo, pues nuestra relación trajo más de una tormenta. Recuerdo que cuando el "qué va a ser" se convirtió en un "nada" se me partió el corazón. 
También recuerdo que yo en muchos momentos no supe entenderlo. Él no era como los demás. A veces pensé, que nunca me quiso, pero con el tiempo entendí que me quiso más que a nadie. 
Recuerdo que con un gesto bastaba para saber que algo no iba bien y recuerdo aquel abrazo, en el que lloraba en mis brazos, rodeados de tanta gente...
También recuerdo que solo y exclusivamente con él tuve la oportunidad de escuchar el silencio. Él me enseñó a soñar, a imaginar, a madurar. Me enseñó lugares maravillosos, casi tanto como él. Recuerdo también que nuestros lugares favoritos eran los parques, quizá porque en uno de ellos empezó nuestra historia. Recuerdo que lo compartíamos todo. Sin dejarnos nada. Recuerdo que, durante un tiempo, solo nos teníamos el uno al otro.
 Al recordar y escribir todo esto sonrío y pienso lo afortunada que fui de tenerlo conmigo. 
No se quien leerá esto pero, seas quien seas, te aconsejo que hagas caso a tus sentimientos y pienses las cosas dos veces. Para no engañarte. Vaya, esta frase siempre me sale cuando mi nieta y yo hablamos sobre sus amores… Me recuerda tanto a mi…

Hace tiempo que no se nada de él pero seguro que, allá donde esté, estará bien. Y que, como me prometió, no se ha olvidado de mi. Tampoco se por qué, pero siempre he tenido fe ciega en él. 
Una vez leí que cuando dudas si quieres a una persona has dejado de quererla para siempre. Yo nunca he dudado de que lo quise y de que siempre lo he querido. Y eso si es un siempre verdadero. 

Y supongo que aquí queda mi última historia. Mi último camino hacia un bellísimo recuerdo.

A 20 de abril de 2084

Al terminar de leer la historia descubrí por qué estaba tan unida a mi abuela. Y la quise más que nunca.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Fuego final, lo digo y no lo puedo escuchar, los días se escapan, las nubes se van.

Si alguna vez fui un rayo y no te supe esperar, maldigo mi suerte, me quiero matar.

Las victorias nunca pasan por mi lado, las promesas y las dudas en el mismo trago.
Te necesito cerca, aunque sea un rato.

Piel de huracán, podemos apostarlo al billar, hagamos un trato, lo dejamos igual.

Si alguna vez fui un loco que te quiso cambiar, no se te ocurra entenderlo mal.

Las victorias nunca pasan por mi lado, las estrellas y la bruma en el mismo trago.
Te necesito cerca, aunque sea un rato.

Ponte en mi lugar... aunque sea un rato.
Y mientras por aquí, llueve a todo trapo, pero siempre afloja el temporal...

...aunque sea un rato, aunque sea un rato, aunque sea un rato.

miércoles, 21 de marzo de 2012

In my mind

Estaba desconcertado. Se había despertado de repente en un sitio que no había visto jamás. Lo último que recordaba era la imagen del libro de la asignatura que estaba estudiando y que poco a poco se estaba quedando dormido.
Estaba en una sala redonda de color granate donde reinaba el silencio y en la que había seis puertas. Era un guerrero cobarde valiente y solía atreverse a cualquier cosa, así que se acercó a la puerta que tenía en frente y la abrió con cuidado, con la mayor parte del cuerpo alejada, alargando la mano hacia el manillar redondo y dorado.
No podía creer lo que estaba viendo. Ese parque... Entonces la vio, sentada en un banco con una cámara de fotos nueva, temblando de nervios y de rabia, y recordó que ella odiaba esperar. Intentó acercarse, atravesar el umbral de la puerta, pero había algo que lo impedía. Le gritó una y otra vez pero fue inútil y la puerta se cerró dando un portazo.
Se desconcertó durante unos minutos, pero aún así sonrió. En el fondo esa situación le estaba divirtiendo. Se dirigió a la siguiente puerta por la derecha. Esta vez lo hizo con más seguridad. La volvió a ver, ahora corría por toda la calle, torpe, intentando que no se le cayera el bolso y la chaqueta. No paraba de mirar el reloj. Esta vez la miró divertido y comprendió que no servía de nada intentar dirigirse a ella. Automáticamente la imagen cambio, se vio a si mismo a través de los ojos de ella, estaba oscuro, pero reconoció el lugar. Esta vez se escuchaba una leve voz. Su voz. ¿Eran sus pensamientos? La puerta se cerró. De nuevo se quedó atontado ante la nueva imagen y con ese pensamiento en la cabeza.
En la siguiente puerta: un paisaje verde, árboles y más árboles. Y silencio, sobre todo silencio. Eso le hizo tranquilizarse, como lo hacía siempre. Se escuchaban los suspiros de cansancio de ella y las risas de él. Y se besaron. La puerta se cerró. Y se emocionó.
Cuarta puerta. Ella entrando a su casa. Casi podía tocarla, era como ver una película en 3D y, de hecho, lo intentó un par de veces. Vio, en primer lugar, sus ojos abiertos como platos al descubrir un paquete con su nombre sobre la mesa de la entrada y vio, en último lugar, sus ojos llorosos de emoción al leer la carta que llevaba dentro. La puerta se cerró, devolviéndolo por cuarta vez a la realidad. Tenía ganas de llorar pero no lo hizo.
Quinta puerta. La abrió despacio, disfrutando el momento. Otra vez ella, en su habitación. El reloj de la mesilla marcaba las dos de la mañana y estaba trabajando en algo. Tenía una caja azul de lunares blancos entre las manos y una gran cantidad de caramelos que él conocía a la perfección desparramados sobre la mesa. Había folios arrugados, rotuladores, bolígrafos. Y otra vez se oía su voz, pero sus labios no se movían. Y se cerró.
Última puerta. Se pensó el abrirla, no quería irse de allí, quería seguir viéndola. Pero la curiosidad y la emoción pudo con él y se dirigió hacia ella. Se decepcionó. Esta vez no era ella quien aparecía ante sus ojos. Era él de nuevo. Tenía una guitarra entre las manos y al mirar a través de ella pudo sentirse por un instante en su piel. Y supo exactamente cuántas mariposas habían volado por su estómago en ese momento. Se cerró sin darle tiempo a reaccionar.
Sin esperarlo se abrió una nueva puerta que antes no había visto. Esta vez si pudo atravesar el umbral y fue avanzando por un pasillo que parecía infinito, también de color granate, en el que las luces se encendían conforme pasaba y las paredes estaban decoradas con cuadros aunque no eran pinturas: eran fotos. Y en la mayoría aparecía ella con él, en momentos que conocía muy bien. Besos, abrazos, risas, miradas, canciones, bailes, pero en ninguna había una cara triste.
Y justo en el momento en el que se dio cuenta dónde estaba y qué es lo que estaba viendo se encontró de nuevo en su habitación con un pos-it sobre una caja azul de lunares blancos que decía: "Espero que el viaje haya ido bien. Ya era hora de que te atrevieras a entrar." Corazón.






PD: y es que al final sólo quedan los buenos momentos, esos recuerdos que permanecerán siempre, por mucho tiempo que pase y los menos buenos se irán desvaneciendo poco a poco. Porque somos solo recuerdos si. Ha sido un paso importante para mi descubrirte mi secreto. Ahora puedes decir con orgullo que lo sabes todo de mi. Y también puedes decir que te quiero más de lo que imaginabas, admítelo.
:)

miércoles, 5 de octubre de 2011

Adiós, mi vida.

Cogió todas las cosas que compartían y las metió en una caja de lunares de colores, aquella en la que había guardado todas las pequeñas cosas de esa corta relación. Subió a la terraza y se sentó en una esquina con la caja entre las piernas. Comenzó a rociarla y, a continuación, prendió fuego a una cerilla. Se lo pensó unos instantes, mirando con tristeza, primero a la caja y luego a al fuego. Se decidió por fin y la lanzó a lo que había sido, tiempo atrás, su máxima felicidad.

Al cerrar la puerta de la terraza vio como los recuerdos se los llevaba el viento en forma de humo negro. Ya solo le quedaba una media luna con una inicial colgando de su muñeca. Nada más, y sabía, que nunca se desprendería de aquel regalo, era el único trocito que quería guardar consigo esta idiota con el corazón a pedazos.

sábado, 11 de junio de 2011

La vida crece entre los matices

La música sonaba de fondo, a un volumen muy bajo, como de costumbre. Will hablaba mientras conducía, como siempre y, yo, escuchaba todas las novedades que me traía de esa semana sin vernos. Hablábamos todos los días a través de Internet, era lo nuestro, pero claro, no era lo mismo.
Bajé la ventanilla, olvidándome por un segundo de lo que automáticamente vendría después.

-¡Súbela!

Will odiaba que bajara la ventanilla del copiloto en medio de la autovía. Decía que "el aire no le dejaba concentrarse en la carretera" con su típica cara de chico maduro y totalmente serio. Yo lo sabía y muchas veces lo hacía adrede: todo por sacarlo de quicio. Tras una leve sonrisilla la subí sin contradecirle, era su coche y sus normas. Aunque yo tenía la esperanza de poder cambiarlas algún día.
Continuó hablando y por un instante dejé de escucharlo y me puse a pensar en todo lo que había acontecido desde el último verano.

Tras la temida prueba de acceso a la universidad el verano trascurrió tranquilo, sin ningún altercado posible de destacar, como otro cualquiera. Yo me desplazaba muchas veces para poder visitar a Will y a Aslhey e intentaba que los demás también lo hicieran, quería pasar con todos el mayor tiempo del mundo antes de que llegara el temido septiembre.

Pero sin darme cuenta nos plantamos en enero del año siguiente. Como todos sacaron muy buenos resultados pudieron empezar sus nuevos años donde cada uno quiso.
Luz logró aprobar y con muy buena nota en septiembre y pudo entrar a estudiar magisterio, como ella quería. Y lo mejor de todo: en la misma ciudad que había elegido Max, al que le dio la nota de sobra para estudiar su querida arquitectura. Estaba claro que vivirían juntos y me alegraba mucho por ellos, a fin de cuentas, estaban destinados a estar juntos siempre.
Pablo se fue con las personas que quería a la ciudad que quería, pero no a estudiar lo que él había planeado siempre. La nota no le llegó y, aunque todos lo esperábamos, a él pareció sorprenderle en un primer momento. Tuvo que conformarse con la carrera de enfermería, se quejaba al principio, pero acabó acostumbrándose con el tiempo.
Will se había ido más lejos que ninguno. A él también le había dado la nota de sobra, como yo esperaba desde siempre y pudo elegir entre un abanico muy amplio de diferentes posibilidades.

Irremediablemente Aslhey y yo nos habíamos quedado solas. Ella echaba mucho de menos a todos, siempre estaba pensando, incluso más que yo. Pero ambas estábamos bastante ocupadas con nuestros estudios: ahora nos tocaba a nosotras.
Muchas veces nos sentíamos vacías, nada era lo mismo. Había muchas veces que no sabíamos nada de nuestro amigos y nos enfadábamos mucho. Pensábamos que habían conocido a no se quien, que estarían en no se donde. Pero todos los viernes por la tarde volvían y disfrutábamos del tiempo como si nunca se hubieran ido.

-Vale, ahora has dejado de escucharme, perfecto.
-¡Lo siento! Me he quedado pensando un momento.
-¿Pensando tú? ¿En qué?
-En todo lo que os echo de menos durante la semana, nos tenéis abandonadas...
-Venga ya, si nos vemos todos los viernes y hablamos todos los días. Eres una exagerada.
-Si, pero es distinto de todas formas.
-Anda, deja de quejarte, quejica. Que casi hemos llegado.
-Esta sorpresa me está poniendo de los nervios, que lo sepas ¿cuánto tiempo llevamos metidos en el coche?
-Mírala. Encima que llevo pensando esto desde hace una semana vas y pones pegas, tenía que haber pensado eso también, es lo más propio de ti.
-Venga, sabes que me ha encantado que te acuerdes.
-¿Cómo no me voy a acordar? Hoy hace un año que te estoy aguantando de manera distinta a la que te he estado aguantando el resto de años que te conozco.
-A mi me gusta más decir que hoy hace un año que te diste cuenta que estabas locamente enamorado de mi.
-Pobre ilusa, ya sabes por qué estoy contigo.
-¡Imbécil!

Paró el coche y se bajó.

-Espera un momento, tengo que taparte los ojos, ¡no bajes aún! Estoy nervioso, espero no fastidiarlo todo y que te guste la sorpresa. Si no te gusta, miénteme.

Lo dijo mientras me ponía un pañuelo en los ojos y me cogía de la mano. Se me escapó una carcajada cuando terminó la frase.

-No seas idiota, estoy segura de que me va a encantar. ¡Te cuidado, eh! No quiero caerme.
-Tranquila, sabes que yo siempre cuido de ti.

Esta frase vino acompañada de un suave beso en los labios.

-Si, lo se.

martes, 3 de mayo de 2011

Piensa y verás :)

Después de 17 años, de miradas y sonrisas, de emociones, de enfados y llantos, de caricias y empujones, de besos, de abrazos, de recuerdos, de sueños compartidos, de aventuras, de amores no correspondidos, de libros que te marcan, de canciones que te sabrás siempre de memoria, de millones de caminos, de millones de pasos dados, siempre hacia adelante, de viajes, de fotos, de una cantidad impresionante de gente, de unos que se van, de otros que permanecen y permanecerán. Después de todo eso vendrán más, muchísimos más.

Después de compartir tantísimos momentos con ellas. Con la que no deja de moverse, con la que ama a un cantante sobre todas las cosas, con la seria, con la que hace sonreir a cualquiera, con la niñita y con la mujer. Después de tanto vivido una es capaz de cualquier cosa.

Después de tener a dos personas que lo han compartido todo. La mitad de tus llantos y la mitad de tus enfados. La de los ojos raros, como ella, que vive en una nube, que dice las cosas sin pensar, que siempre está al otro lado del teléfono, siendo poco responsable, la romántica a escondidas, la niña de dieciséis; y con la que sueña con todo y, a la vez, es la más realista, la más espabilada, a la que no le gusta que jueguen con ella, la que adora las cosas claras, explicadas, la que llora ante los demás cuando es estrictamente necesario.

Después de tres años con él, sufriendo cada una de sus andanzas, de una manera u otra. Después de quererlo y odiarlo de todas las formas posibles, acaba siendo algo verdaderamente importante, sobre todo cuando te acostumbras a sus ojos marrones profundos, esos que transmiten total tranquilidad.

Después de diferentes etapas en una amistad, de no verla en meses a verla todos los días. De quererla como a nadie. Después de decepciones y sorpresas, de enigmas descubiertos en una personalidad fuerte, totalmente forjada. Después de ser uno de los pilares fundamentales de esta maravillosa estructura...

Después de sufrir lo insufrible, de la mejor amistad que alguien puede desear, de millones de recuerdos buenos en los que solo estaba él. Después de aquel primer beso. Después de quererlo como a nada en el mundo y solo poder mirarlo con ojos llenos de alegría, y disfrutar de sus tonterías, de sus locuras y de su amor.

Después de todo esto solo me queda decir gracias.
¡Y que pueda cumplir muchos más sin perder un solo detalle!

jueves, 7 de abril de 2011

Pero sí se algo. Sé que un día todo cambiará…espero que más pronto que tarde, pero un día las cosas serán diferentes.
Un día el muchacho entrará en el vagón y la encontrará en el asiento de enfrente radiante y luminosa, y se acercará a ella y le hará la pregunta que siempre le hace al terminar la canción. Y un día, todo cambiará.
Ella se levantará de su asiento sosteniéndole la mirada, el metro detendrá su ritmo, todas las cabezas se girarán hacia ellos, la ciudad también se detendrá, la gente parada en las aceras, los coches en mitad de la calle, las palomas emprenderán el vuelo…Ella se acercará mucho a él y un día le responderá de forma muy diferente a como lo hace en la canción.

Ismael Serrano.